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Argentina desata la fiesta y locura con Messi y los campeones en casa

Miles de hinchas realizaron una vigilia para agradecerle al equipo una esperada alegría colectiva.

Millones de personas desbordan las calles de Buenos Aires para acompañar a la selección argentina en su regreso al país después de ganar el Mundial de Catar.

La fiesta multitudinaria, que el domingo estalló en todo el país al término de los agónicos penales, se replica este martes, pero con mayores niveles de euforia. Los hinchas acompañan la caravana protagonizada por unos jugadores que ya quedaron en la historia del deporte a nivel global.

El equipo comandado por Lionel Messi, el mejor futbolista del mundo, aterrizó en las primeras horas de esta madrugada en el aeropuerto internacional de Ezeiza, una localidad ubicada a 40 kilómetros de Buenos Aires.

Ahí fueron recibidos con fuegos artificiales y una lluvia de papelitos celeste y blanco, y por miles de fanáticos que hicieron una guardia nocturna durante horas para saludar a sus ídolos. Para gritarles: «gracias».

Esa es la palabra que más define este arribo. El pueblo argentino todavía no puede creer que por fin se haya terminado la sequía de los largos 36 años en los que no pudieron traer la tercera Copa del Mundo. México (1986) ya quedaba muy lejos. Y anidaba el trauma de las finales perdidas en Italia (1990) y Brasil (2014).

Por eso la felicidad colectiva anida en Argentina y hoy tiene su epicentro en la capital, con el desfile de la selección. El equipo se traslada en un microbús descapotable que se acondicionó especialmente con el letrero «Campeones del mundo» y las tres estrellas amarillas que simbolizan las tres Copas del Mundo que, ahora sí, ya obtuvo Argentina.

Las lágrimas de felicidad de los hinchas se desbordan a su paso. Las banderas de todos los tamaños ondean. Es una marea albiceleste acompañada por los cantos futboleros.
Del «Brasil, decime qué se siente» al «Yo soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar» y el hit de este Mundial: «En Argentina nací, tierra de Diego y Lionel, de los pibes de Malvinas que jamás olvidaré».
El lunes por la tarde, después de que se confirmara el recorrido, millones de personas comenzaron a ocupar los alrededores del Obelisco y los 80 kilómetros de calles, avenidas y autopistas por las que transitaría el micro con la esperanza de reservar un lugar desde el cual divisar a su ídolos, aunque fuera por unos segundos.
Para facilitar la asistencia, el Gobierno nacional encabezado por el presidente Alberto Fernández decretó un feriado, lo que permitió que la vigilia nocturna en el aeropuerto fuera todavía más masiva de lo que se esperaba.
Apenas se abrieron las puertas del avión, aparecieron Messi, el ídolo indiscutible, con la Copa en alto y la medalla dorada al cuello, y Lionel Scaloni, el técnico que fue resistido por la prensa deportiva por su falta de trayectoria, pero que en solo cuatro años ya ganó todos los títulos posibles con la selección. Es también el responsable de que la selección haya sido rebautizada como ‘La Scaloneta’, que enamoró a la exigente hinchada argentina.
En medio de ovaciones de periodistas, de trabajadores del aeropuerto y del público en general, el equipo abordó el micro rumbo a Ezeiza para descansar de las más de 20 horas de vuelo desde Catar.
Al salir, los jugadores se toparon con la muchedumbre que los esperaba y que los acompañó hasta el predio oficial de la Asociación de Futbol de Argentina (AFA), en donde pudieron descansar durante algunas horas antes de iniciar la esperada «caravana mágica».

La histórica jornada ha sido empañada por las idas y vueltas en el itinerario de la caravana, ya que desde que arribó la Selección, la información ha sido contradictoria por parte del Gobierno nacional y de la AFA.

Hasta esta mañana, se había garantizado que el equipo pasaría por el Obelisco, el emblemático monumento nacional ubicado en el centro de Buenos Aires y en donde ya esperaban millones de personas, pero al mediodía se anunciaron cambios por considerar que no había suficientes garantías de seguridad.

Comenzó entonces una interminable procesión de personas que se dispersaron caminando desde el Obelisco otros puntos con la esperanza de saludar a ‘La Scaloneta’.

Había familias con bebés, parejas, niños, adolescentes, personas mayores, algunas incluso en sillas de ruedas. Nadie se quería perder un momento de tanta algarabía nacional. Vacía de automóviles, la mítica 9 de Julio, que es la avenida más ancha del mundo, se convirtió por un rato en un parque al aire libre.

A sabiendas de que la espera sería larga, fueron preparados con hieleras, refrescos, cervezas, fernet (una de las bebidas alcohólicas más populares de este país). Con sillas plegables, sombrillas para cubrirse del sol.

Era evidente que, con o sin feriado, iban a venir.